Felicidades
La edad no la recuerdo. Recuerdo muchas cosas de entonces, pero no la edad. Recuerdo la galería en el edificio (casi rascacielos para estos lares) y el olor a mar de mi padre, al llevarme o recogerme en el Talbot gris. Y recuerdo también el interior de la guardería. La dulzura de aquella profesora que sabía dibujar casas y árboles y soles con pelos para que tú coloreases por dentro de las líneas. Y la muñeca azul.Es cierto, yo se la quité.. pero ella me pegó. La profesora lo vio y la castigó. Y entonces yo me reí de ella y mi porción de castigo llegó también a su debido tiempo. Y así empezó todo. Tan enemigas... y tan amigas. En aquel banco en el que te sentías como una delicuente, echándonos la culpa la una a la otra, sabiendo que teníamos más razón que la oponente.
Luego llegaron las risas, los miedos y los secretos compartidos. El día S, Mecano, Iván y Sergio, las acampadas en mi jardín, el club de brujas y los intentos de cocina. Las barbies, Lucas el de Sequest, los graffitis de cumpleaños, la mesa de cristal que destruí, las primeras discotecas, las camisetas de la fiesta del agua.
Pero éramos dos mujeres de ideas claras: tú querías ser militar y yo quería ser forense. Tu siempre creíste y yo uí del rebaño de Dios como pude.
Ahora yo encamino todos mis esfuerzos al bisturí y ella cruza el mediterráneo como si fuera su casa. Los sueños cambian, pero no tanto. Todo se parece mucho a lo que siempre quisimos...
Por eso al decírmelo la felicidad me llegó como mía. Marta se casa. Como si no hiciese tanto que vestíamos Barbies de blanco, como no hubiera pasado tanto tiempo desde que hablábamos de lo horrible que debía ser un beso con lengua.
Te casas, Marta, enamorada y con locura, pero sin dudas, como lo haces todo, como fuiste a las fuerzas armadas, sin aceptar un pero, sin mirar atrás.. Tres meses y medio de amor te han bastado... y sé que es cierto. Algunas no se andan con chiquitas.


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